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Tránsitos inocentes, zonificaciones, e intersticios
Autor © Anna Recasens

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Según convenciones de la Ley Marítima Internacional, un «Tránsito inocente» es cuando una nave puede transitar por aguas territoriales no internacionales, durante un periodo determinado de tiempo o distancia, especialmente cuando no exista otro espacio por donde pasar, y siempre que se cumplan una serie de protocolos que garanticen la buena voluntad y actitud pacífica del sujeto del tránsito. En referencia a las aguas, ley y contexto territorial son indisociables y carecen de identidad propia por sí mismos, convirtiéndose el tránsito, en la práctica, en una forma de reconocimiento de límites, siendo a la vez agente en movimiento y lugar concreto en que se ubica, es decir, es el agente causal, y a la vez la acción causada. Así, el que transita, el mismo acto de transitar, y aquello que posibilita el tránsito, no son más que distintas perspectivas de una misma acción. Una acción, que supondrá el movimiento desde un punto de partida hacia uno de llegada, siguiendo una serie de puntos/lugares (itinerario) que pueden inscribirse en una carta de navegación o mapa. Una acción que no corrobora que se haya estado en ningún sitio en particular, sino que se ha estado en todos (aunque sea por una fracción de segundo).

El tránsito es una práctica especulativa orientada a generar relaciones en un contexto inmediato, y por un periodo relativamente breve. El valor de la transitoriedad, no reside en su naturaleza efímera – de hecho nada más continuo y constante que el tránsito-, se encuentra en establecer un espacio de intervención, un espacio sin límites del cual entrar y salir, y en el que cualquier práctica espacial provocará relaciones con el contexto que podrán transgredir la mirada fija y única. El itinerario, formado de unidades breves que se continúan en el espacio/tiempo, puede representar una experiencia infinita.

La paradoja del tránsito estriba en que cada momento es una realidad distinta, pasado y presente a la vez, y nos permite reconocer la identidad del contexto, tanto a través de su memoria, como de la posibilidad que supone la proyección de su presente. Como observadores, que no espectadores, nuestra mejor opción es orientar la mirada para entender el contexto desde una perspectiva amplia, desde la interacción y el diálogo con el territorio mismo, entendiéndose este desde el concepto de site-specificity , con el cual, según Mirwon Kwon, “se pasa de entender el lugar como una serie de límites físicos a comprendelo como una acumulación de parámetros discursivos de tipo histórico, social y cultural”, que nos va a permitir una mejor forma de habitarlo, desde una reflexión constante.

La idea del tránsito como forma de cuestionar y transgredir lecturas hegemónicas, que pretenden dirigir la mirada a puntos concretos y en tiempos definidos, nos sirve para replantear el territorio mismo, que ha dejado de ser un espacio en blanco para ser recorrido, compartido, y descubierto, a ser un espacio altamente zonificado, que solo podrá reconocerse en forma de múltiples «incursiones inocentes». Así, el tránsito en la ciudad se verifica actualmente entre espacios privados y semipúblicos, quedando el espacio común (a modo de corredor internacional marítimo), suscrito a unos pocos espacios públicos, que a su vez, dejan de ser fluidos, para especializarse y normativizarse.

En un modelo de vida atendiendo a lo relacional, los espacios evolucionan con la comunidad y sus acciones, definiendo el espacio público como construcción colectiva en la que se articulan y convergen diferentes significados, memorias, historias, lenguajes, narraciones de lo individual y lo colectivo. Espacio en el que se redefinen constantemente los lugares: la vivienda, el monumento, la estación, el parque, la escuela, atendiendo a sus usuarios y sus necesidades, y donde el tránsito, no es un mero marco, sino el lugar que se interrelaciona con el transeúnte, y de ese modo se resignifican uno a otro constantemente.

En el contexto de la sociedad actual de tendencia globalizadora, abierta a colonizaciones culturales y determinada por sistemas de pensamiento marcados por la economía, las personas pierden derechos de ciudadanía para convertirse en consumidores que transitan por un espacio franquiciado que ya no les pertenece. Los cambios en el tejido social de la ciudad, la comercialización de los espacios lúdicos, la desaparición de espacios relacionales provoca que las comunidades se fragmenten y que desarrollos urbanísticos unilaterales borren lugares e itinerarios que conformaban el material simbólico de estas. El ciudadano-consumidor validará los espacios acotados por definiciones oficiales en una ciudad que vela más por política turística que por la de sus habitantes y sus espacios.

Los nuevos entornos urbanos, discontinuos, en proceso de desterritorialización, fruto de la especulación, desplazamientos, y abandonos, generan dinámicas urbanas híbridas, en las que lo social se desdibuja. Donde espacios desatendidos, desconectados, sin relación con su entorno natural, hacen difícil la interacción personal, y la relación transeúnte – espacio transitado. Se hace evidente, analizando estos contextos, la necesidad de solucionar las desatenciones, de reencontrar el intersticio a partir del cual se pueda democratizar el espacio y devolverlo al usuario. Cada tránsito es una interacción independiente y original, no es solamente deambular, sino una forma de establecer relaciones recíprocas.

En un momento en el que se habla de aislamiento, precarización, y de los conflictos que se derivan, el tránsito ha de entenderse como un esfuerzo para restituir el derecho fundamental de las personas a la proximidad y la interacción con libertad, a ejercer autogobernanza, a resolver problemas en colectivo, y a recuperar bienes comunes. El necesario derecho a transitar, en medio de constante turbulencia y marginalización, precisa de una ruptura respecto a formas institucionales caducas, precisa recuperar el concepto de tránsito desde su capacidad de diálogo, transmisión de ideas y conocimientos, desde la posibilidad de innovación y transformación. Tránsito que ayude a proyectar los escenarios necesarios para atender a las distintas circunstancias de las personas desde lo relacional y cooperativo, y para construir nuevos espacios políticas que aborden los desafíos actuales (la gestión del agua, el cambio climático, la globalización, las fronteras, el territorio, la inmigración, el mercado…) desde la justicia ambiental y el post-crecimiento.