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LA PRÁCTICA DE LA MEDICINA

EN EL ALT BERGUEDÁ DEL

DR. MIQUEL VILARDELL I PICAS

Producción de:
Silvia Estela Martínez
Máster en Historia de la Ciencia
UAB-UB 2022

Borreda S.XX

Dedicamos éste espacio a la práctica de la medicina rural en la España de mediados del siglo XX a partir de la figura del Dr Miquel Vilardell i Picas, médico del Alt Berguedá. A través del acercamiento biográfico, descubrir la complejidad del proceso de salud y enfermedad en un entorno singular.

El relato de sus pacientes, pobladores de núcleos urbanos,  y  el aporte de su hijo también médico, Dr Miquel Vilardell i Tarrés. Nos ilustran lo que significaba la presencia del médico en el proceso vital de la salud y la enfermedad en el medio rural 

contexto
histórico

Si nos remontamos a 1946 y nos preguntamos sobre lo en que significaba la presencia de un médico en el pueblo, o cerca del pueblo en la zona del Alt Berguedá (insertar mapa). Surgen preguntas acerca de las enfermedades que existían en ese momento, los instrumentos que eran el soporte de la praxis del médico y los remedios que se usaban en aquella época.

MIQUEL VILARDELL
I PICAS (1906-1986)

Típico médico de pueblo de esa época, el doctor Vilardell i Picas trabajaba todos los días de la semana, todos los días del año y siempre estaba disponible para sus pacientes. Nació en Borredá el 31 de mayo de 1904, hijo del campesino Miquel Vilardell y de Dolors Picas, estudió el bachillerato en el Instituto de Girona donde obtuvo el título en 1925 para luego continuar sus estudios en la Facultad de Medicina de la Universidad de Barcelona. En 1939 concluyó los estudios en medicina.

LA SALUD EN EL
MEDIO RURAL

Todavía en España no existía la seguridad social, en los medios rurales se pagaba el servicio del médico mediante las denominadas “igualas”. El pago mensual permitía cubrir a las familias ante la necesidad de asistencia médica. Las familias más humildes no pagaban las igualas y en retribución le obsequiaban al médico productos que elaboraban en el campo.

INSTRUMENTOS Y
REMEDIOS

El consultorio del Dr Miquel i Picas está intacto. A 36 años de su ausencia física, su hijo el Dr Miquel Vilardell i Tarrés conserva el espacio que dejó en su última atención de sus pacientes. Los instrumentos, las sustancias químicas con las cuales elaboraba las pociones para sanar a sus enfermos y algunos medicamentos de la iniciada farmacología. En el sitio se encuentra la mesa obstétrica y el fórceps, que utilizaba cuando era necesario en los partos.

ENTREVISTAS

MIQUEL VILARDELL I TARRÉS
(Borredá, 1946)

Hijo del médico Miquel Vilardell i Picas. En 1969 se licenció en medicina en la Universidad de Barcelona, donde se doctoró en 1979. En 1988 fue nombrado jefe del Servicio de Medicina Interna (reumatología y geriatría) en el Hospital Universitario Vall d’Hebrón y en 1992 catedrático de medicina interna de la UAB. De 1991 a 1997 fue vicedecano y de 1997 a 2001 decano de la Facultad de Medicina de la UAB. 

INÉS TUBAU
(La Quar, 1958)

Es propietaria del supermercado y fonda de Call Ferrer en Borredá, nació en la masía “La mesada” de La Quar y vive actualmente en Borredá, su familia fue atendida por el Dr Vilardell i Picas

ALBERT RUMBO I SOLER
(Berga, 1971)

Es licenciado en Historia por la Universidad de Barcelona y posgrado en Gestión y Animación de la Cultura Popular por la Universidad Ramon Llull. Ha sido archivero itinerante de treinta archivos municipales de las comarcas del Berguedà, Bages y Osona. También es profesor titular de Historia del Protocolo en la Escuela   Internacional del Protocolo de Cataluña y ha impartido numerosos cursos sobre historia del Berguedà.

ÁNGEL ROTA VILALTA
(Borredá, 1934)

Poblador que es considerado la memoria viva de Borredá, donde nació y permanece actualmente en el pueblo. De pequeño trabajó en masías hasta que luego ingresó a la fábrica textil de Borredá.

RAMON VILALTA I CLOTÉT
(Sant Jaume de Frontanya,  1949)

 Se lo conoce en el pueblo como Marxandó por ser propietario de la histórica fonda de Cal Marxandó iniciada por su abuelo Joan Clotet en junio de 1851. Allí en la misma fonda, lo ayudó a nacer el Dr Vilardell i Picas. Fue alcalde del pueblo donde nació entre el 2003 y el 2011.

contexto
histórico

Si nos remontamos a 1946 y nos preguntamos sobre lo en que significaba la presencia de un médico en el pueblo, o cerca del pueblo en la zona del Alt Berguedá. Surgen preguntas acerca de las enfermedades que existían en ese momento, los instrumentos que eran el soporte de la praxis del médico y los remedios que se usaban en aquella época. Además de cómo era la interacción y retribución económica al médico rural.

A través de las evocaciones de los entrevistados nos aproximamos a la época de la posguerra en la alta montaña. Geografía recorrida durante 40 años por el Dr Miquel Vilardell i Picas, desde el partido médico de Borredá que abarcaba los pueblos de Alpens, Sant Jaume de Frontanya y La Quar, ejerciendo el oficio de médico entre las 250 masías distribuidas en núcleos urbanos de enormes distancias.

“Si podían recurrir al consultorio del médico lo hacían a pie, o bien, como casi todas las masías tenían un medio de transporte animal (yegua, caballo, o mulos) iban al lugar más cercano al pueblo que era Borredá, al consultorio del Dr Miquel Vilardell”. El único médico cerca del municipio de Sant Jaume de Frontanya era el Dr Vilardell que vivía en Borredá cuando había una necesidad imperiosa de ver al médico iban por sus propios medios hasta Borredá o a la Pobla de Lillet”. Ramón Vilalta i Clotet ( Sant Jaume de Frontanya)

El contexto rural de posguerra se caracterizó por un poblamiento disperso con núcleos urbanos en torno al centro de la vila, con masías dispersas. Una situación que se mantuvo a lo largo de los siglos y cambió desde finales del siglo XX con el despoblamiento de la zona y que en los últimos años, vuelven a ser ocupadas como segundas residencias.

En Borredá, la iglesia parroquial se construyó, estratégicamente, al pie del antiguo camino real de Berga a Ripoll, y justo al lado de la iglesia había, además de la sagrera y de la rectoría, la masía Serra que desde el S. XIV el hostal era especialmente concurrido durante las ferias de ganado de San Silvestre que se celebraban en Sant Jaume de Frontanyà.

En la comarca del Berguedá hacia el siglo XIX se inició una cierta transformación urbana con equipamientos y obras de infraestructura básica como el abastecimiento de agua al núcleo urbano de Borredá por iniciativa del Ayuntamiento en el año 1916. El servicio telefónico fue instalado en el año 1920 por la Mancomunidad de Cataluña.

Una de las características de la población de la comarca era su composición, por un lado campesinos propietarios de masías y por otro,  la mayoría, de campesinos sin tierra y jornaleros. Durante los siglos XVII y XVIII se consolidaron las grandes familias campesinas y había diferencias entre los campesinos y el sector de los menestrales que se hacía cada vez más importante.

 Pero fue significativo para la economía, especialmente de Borredá, la instalación de la industria textil que permitió a las familias del pueblo, mejorar su nivel de ingresos. Se puede mencionar la fábrica textil conocida con el nombre de “Fábrica de Baix” de Ignasi Pujol donde se instalaron varios telares en una casa del Carrer de la Font. Una actividad que aportó una alternativa a los ingresos de las masías de campo, a partir de la industria textil. Y también la fábrica del barcelonés Joan Daroca que puso a funcionar unos 70 telares. Tanto en una fábrica como en la otra, la de Dalt o la de Baix, la actividad textil se mantuvo, con algunas interrupciones, hasta los años ochenta del siglo XX.

La zona de montaña tenía un contexto de vida extraordinariamente duro, en sitios lejanos sin el mínimo de los servicios, lugares donde los médicos rurales prestaban servicios que iban más allá de lo que era lo estrictamente médico. Se vivía bajo un clima lluvioso y muy frio con nieve en invierno. Las precipitaciones superaban los 1000 mm con una temperatura media de 11º y 13º llegando a –2º y –6º grados en el invierno.

“Los médicos rurales de finales del s XIX se trasladaban a caballo de un pueblo a otro “cuando alguien del pueblo sabia que alguien estaba enfermo, le avisaba al médico y tras las distancias muchas en un periodo de horas importante, el médico no llegaba a tiempo para la atención. Por esto es que son los primeros que en los pueblos adquieren coche, para tener una cierta movilidad para trasladar a enfermos hacia el hospital en Berga, porque no existían las ambulancias”. Albert Rumbo i Soler, historiador

LA SALUD
EN EL
MEDIO
RURAL

Todavía en España no existía la seguridad social, en los medios rurales se pagaba el servicio del médico mediante las denominadas “igualas”. El pago mensual permitía cubrir a las familias ante la necesidad de asistencia médica. Las familias más humildes no pagaban las igualas y en retribución le obsequiaban al médico productos que elaboraban en el campo. 

Mi madre me relató que en su casa “una casa de pagés de masía muy humilde, cuando iba el médico los atendía y cobrara quizás menos que en otras casas por el mismo servicio, hay muchas profesiones como la del médico con una fuerte vocación pero hace 50 años atrás quizás se notaba mucho mas la vocación porque cuando el médico iba a una casa y la atención costaba 10 y le pagaban 5, igual los atendía, y si lo tenía que hacer gratis también se hacía. Y el que podía pagar cubriría la diferencia.” Albert Rumbo i Soler, historiador

 En los núcleos rurales de la alta montaña el hospital cercano estaba muy lejos, por lo tanto la sanidad se encontraba en  manos del médico rural, que tenía que ser experto en atender fundamentalmente las urgencias que surgían en el día a día en el entorno rural. Aún la ciencia médica no se había desarrollado, y se comenzaba a vislumbrar la tecnología para la cirugía.

Las características del médico en el ambiente rural se adecuaba a las necesidades de cubrir sobre todo las urgencias que demandaba la actividad laboral por lesiones que se producían al talar los árboles, lesiones incisivas en la piel para saturar, fracturas que tenía que inmovilizar, o pequeñas cirugías, como los partos que se hacían en domicilio. Especialmente la habilidad del médico rural en el parto era crucial y el uso del fórceps era muy frecuente.

“Cuando estaba por ocurrir un nacimiento en el pueblo, se llamaba a las comadronas que asistían a la mujer que estaba por parir, en esa época las mujeres se ayudaban a parir, existían las comadronas que por la experiencia de haber ayudado a nacer a tantas criaturas. En mi caso me asistió el Dr Vilardell, porque ya veía que el parto no iba bien porque mi madre era una mujer mayor y cuando me tuvo a mi le dijo: aquí se acaban los hijos porque a éste lo salvamos de milagro. El médico, si veía que el parto era normal lo dejaba y ahí si asistían las comadronas, pero si había complicaciones lo llamaban”. Ramón Vilalta i Clotet (Sant Jaume de Frontaya)

En las enfermedades derivadas de los distintos órganos el tratamiento era distinto, porque no había medicamentos para solucionarlo. Recién comenzaba a utilizarse los primeros diuréticos, los digitálicos (para enfermedades cardíacas), los corticoides, la penicilina (antibióticos). Eran tiempos en que el promedio de vida era corta, aproximadamente hasta los 65 años.

«¿Cómo tenía que ser el médico rural? El médico era polifacético, que tenía que atenderlo todo”. Vilardell i Tarrés, Borredá 2022

La medicina preventiva, el control de los alimentos y las aguas potables fueron mejorando progresivamente en el Alt Berguedá. Sin embargo se producían enfermedades relacionadas con los animales (zoonosis) como las brucella melitensis, que provocaba una infección bacteriana. Lo más común era que las personas se infecten al comer productos lácteos crudos o sin pasteurizar, produciendo  fiebre de malta o la fiebre tifoidea causada por la salmonella entérica, o la tuberculosis. Otra enfermedad era la bronquitis, una enfermedad crónica, por el consumo de tabaco con infecciones frecuentes que provocaba la insuficiencia cardiopulmonar. También se registraba un alto consumo de bebidas alcohólicas, que producían cirrosis hepática.

“El Dr Vilardell y la penicilina me salvaron la vida. Recuerdo que usaba inyecciones, no usaba tantas pastillas y de el tiempo que atendió en Borredá, a todos los que tenía que dar inyección, lo hacía con la misma aguja. Le sirvió 20 años la misma aguja- Tenia un cacharro donde las hervías para desinfectar y volver a usar a otros pacientes que debían esperar a que se esterilizaran”. Ángel Rota i Vilalta, paciente.

Dr.MIQUEL VILARDELL
I PICAS
(1906-1986)

Dr. Miquel Vilardel i Picas y familia

Típico médico de pueblo de esa época, el doctor Vilardell i Picas trabajaba todos los días de la semana, todos los días del año y siempre estaba disponible para sus pacientes.

Nació en Borredá el 31 de mayo de 1904, hijo del campesino Miquel Vilardell y de Dolors Picas, estudió el bachillerato en el Instituto de Girona donde obtuvo el título en 1925 para luego continuar sus estudios en la Facultad de Medicina de la Universidad de Barcelona. En 1939 concluyó los estudios en medicina.

Apenas licenciado, le surgió la oportunidad de sustituir al médico de la localidad de Calders donde ejerció desde octubre de 1939 hasta 1946.  Allí conoce a la que será su esposa, Maria Tarrés, una maestra de la Colonia Jorba.

En 1945 fue nombrado médico interino de la localidad de Calders, hasta que cesó en 1946 por incorporación del propietario titular a la plaza. Es por eso que regresa a Borredá, su pueblo natal, donde ejercerá la medicina por los siguientes 40 años.

“En esos tiempos el médico tenía que buscarse la vida, llegó a Borredá en 1946 y alquiló un piso en la Plaza Mayor Nº7, en el 2º piso destinó una de las habitaciones para el consultorio. Y además tenía que comprarse los instrumentos para la obstétrica, la cirugía menor y un pequeño botiquín con cuatro medicamentos de la época”. Dr Vilardell i Tarrés, hijo.

Querido y reconocido por la gente del pueblo había adquirido prestigio por la forma de ejercer su profesión. Era necesario que tuviera habilidades y competencias determinadas para solucionar los problemas de salud como la comunicación basada primero en la escucha del paciente. Debía mostrar sensibilidad por lo que le pasaba a las personas que les pedía ayuda y saber interpretar para explicar con corrección y sencillez.

    “Me marcó de niño en un pueblo de montaña, la entrega de mi padre, a pesar de todas las circunstancias, casi obsesiva con su gente, ejerció la medicina hasta los 71 años” (citar el libro)

El médico se ganaba el prestigio por la rapidez con la que lograba un diagnóstico, su hijo el Dr Miquel Vilardell i Tarrés mencionó que “en el caso de mi padre en un medio rural sin ningún tipo de tecnología y una capacidad terapéutica escasa, todo se basaba en los sentidos”. Se buscaban todos los signos que podrían conducir a un diagnóstico y se daba mucha importancia a la simbología del enfermo y su entorno.

 En aquella época la parte más importante del acto médico era el diagnóstico clínico “me impresionaba cómo al entrar en una habitación, tras mirar el entorno y al enfermo, mi padre podría llegar a la conclusión de que aquel paciente padecía fiebres de malta, y sin siquiera examinarlo, acertaba. ¿Cómo era posible? Porque había visto muchos casos y porque en las granjas, sobre todo de cabras, no tenían las normas sanitarias como sucede en la actualidad. Ni los quesos, leche, estaban sometidos a controles de manera que en un medio rural y ante fiebres muy altas, el diagnóstico era fiebres de malta sin equivocarte”.

Las circunstancias no eran buenas en esa época, al margen de la consultas que recibía en el consultorio de su casa, realizaba la visita a los enfermos en las casas de campo (masías) dispersas por el término municipal. Los domingos, después de misa – el acto social más importante del pueblo- se dedicaba a la atención de un gran número de pacientes. Sábados y domingos recibía pacientes en el consultorio, mientras que los días de semana se dedicaba a recorrer las masías.

     “…él se sentía bien con su trabajo, y nunca se preocupo por su carrera profesional si es que alguna vez se le paso por la cabeza ese concepto tan moderno, ni por su situación económica. En aquella época podría haberse trasladado a una población más grande donde los médicos eran más codiciados y las consultas privadas eran más rentable, pero nunca lo hizo, dudo que se lo llegase a plantear”.

INSTRUMENTOS Y
REMEDIOS

El consultorio del Dr Miquel i Picas está intacto. A 36 años de su ausencia física, su hijo el Dr Miquel Vilardell i Tarrés conserva el espacio que dejó en su última atención de sus pacientes. Los instrumentos, las sustancias químicas con las cuales elaboraba las pociones para sanar a sus enfermos y algunos medicamentos de la iniciada farmacología.

En el sitio se encuentra la mesa obstétrica y el fórceps, que utilizaba cuando era necesario en los partos. La espátula para mirar las amígdalas, el aparato para mirar el oído (otoscopio) y la nariz (rinoscopio). La espátula para el cuello uterino, pequeñas tijeras y el bisturí para las cirugías.

Sobre una mesa los instrumentos de esterilización. Cajas de latón o aluminio para colocar las grapas que le servían para cerrar heridas, o esterilizar las inyecciones, e instrumentos. Las jeringas eran reutilizables junto con las agujas. Además,  de unas agujas más grandes para la punción lumbar, que las utilizaba para descartar el diagnóstico de meningitis.

Su primer estetoscopio era de madera, también se encuentra el martillo de reflejos y tubos que utilizaba para recolectar la orina o sangre de los pacientes, para luego analizarla.

En cuanto a los medicamentos, el Dr Vilardell i Picas los elaboraba con distintos productos químicos que existía en la época y que algunos ya no se utilizan actualmente. Mezclaba las sustancias en pequeñas básculas que le suministraba su apreciado colega, el farmacéutico de Berga, Domenecq Cosp.

En una vitrina se observan expuestos frascos de distintos tamaños y color que contienen diversas sustancias  que usaba como: Ácido cítrico Bálsamo de Perú, Agua bórica, Creón, Tintura yodo, Azul de metileno, Azufre (Flor de azufre), Goma arábiga, Cafeína, Alcohol digital, Salol, Agua oxigenada, Esprit de vie y Agua de carabaña.

En esa época en los pueblos existía un conocimiento sobre hierbas medicinales que se encontraban en el campo y las usaban para curarse, conocimiento que se transmitía de generación en generación.

“Recuerdo una mezcla que lo llamaban oli de cop, que se hacía con brotes florales de hipérico y aceite de oliva, era una pasta que se esparcía y la usaban para picaduras de insectos, dolores musculares, pequeñas heridas, , quemaduras leves, resfriados, y lo hacían en base a hierbas con aceite, tenía un olor horrible, muy desagradable. Y para el estomago se masticaba menta, o se hacía una emplasta (cataplasma) que se lo ponían en la panza y si no pasaba, recién iban al médico”. Ramón Vilalta i Clotet. Sant Jaume de Frontanya.

En el pueblo no había farmacéutico, la única farmacia estaba ubicada en la capital de la comarca, Berga. Y lo que hacía era entregarle un listado al chofer del bus de línea que realizaba el recorrido desde San Quirico de Besora (Sant Quirze de Besora) hacia Berga, y pasaba por Borredá. El chofer cuando regresaba por la tarde traía los medicamentos que le solicitaban en un listado.

La farmacología estaba poco desarrollada, el Dr Vilardell i Picas tenía un pequeño botiquín con lo más importante. Y las pociones para sus pacientes las elaboraba él. Para la lactancia preparaba las papillas cuando había problemas de nutrición, o en el caso de  tiroides, que era una enfermedad frecuente por la falta de yodo en las aguas, preparaba las fórmulas, las hacía él mismo con la balanza. Era un polvillo basado en sustancias que él mismo empaquetaba con papel de periódicos, para que luego, el paciente las tomara disueltas en un vaso de agua.